miércoles, 22 de marzo de 2017

UN JALONCITO DE OREJAS A MIS QUERIDOS PAISANOS. Por SÓCRATES ZUZUNAGA HUAITA "PREMIO PALABRA EN LIBERTAD"

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¿En qué recodo de la sensibilidad humana se ha quedado el amor de todo lo creado por Dios, el beso, el abrazo, el saludo, la compasión? ¿En qué descuido humano, el sadismo y a impiedad desnudó sus garras para seguir dando sus zarpazos crueles al amor de todo creado por el Todopoderoso? ¿En qué instante el odio -hacia los seres indefensos- hizo estallar sus fronteras y quedó en horrible mueca de estupidez humana? ¿Dónde están la ternura, la dulzura, la cordura, el perdón, la piedad, la solidaridad, la tolerancia, la confraternidad, el afecto?...

¿Por qué aplaudimos el maltrato y el crimen, celebrando homenajes a Taitacha Dios? ¿Por qué nos desnudamos para hacer el amor y no nos desnudamos cuando vamos a decir la verdad de las cosas? ¿Acaso nuestro Apóstol San Santiago no tiene poder para cambiar la imbecilidad humana o es eso lo que le gusta?...

El camino nuestro está poblado de piedras. Eso no lo niego. Pero ¿acaso no podemos apartarla para ya no volver a tropezar en ellas? Lo que no entiendo es ¿por qué no leemos libros que nos enseñen a meditar y a ser buenos? La poesía tiene bellas mariposas y, por eso, casi no matamos mariposas. Eso es verdad. La novela y el cuento es una senda sembrada de flores y estamos caminando entre ellas. Por eso, queremos volvernos mariposas o libélulas para posarnos en sus pétalos y ser felices.
La lectura embellece el alma humana. ¿No queremos, acaso, que un sol de amor ilumine nuestro interior? ¿Por qué no leemos? ¿No queremos ser buenos? ¿O es que alguien nos pone una pistola en la sien para no leer. Seamos sinceros: consumimos cigarros y cerveza, pero le apretamos el pescuezo a la lectura. Construimos ruedos para torturar y asesinar toros, y decimos amar mucho a nuestros hijos. Nuestra opinión no se escucha cuando estamos en contra de la tortura y la sangre. Nuestra voz se seca cuando queremos decirle la verdad al odio y a la crueldad.
Lo que más me duele es ¿por qué la Municipalidad de mi pueblo -el pueblo que amo tanto- no responde a una modesta solicitud mía? Frente a esa solicitud que le envié se ha quedado muda en todos los idiomas. ¿Por qué no me deja contribuir con un granito de arena a la Educación y a la Cultura de mi pueblo? ¿No existe, acaso, la regiduría de Educación y Cultura? No vaya ser que ya estén cobrando entradas para ver el zoológico… ¿Acaso ignoran que la ignorancia y la incultura nos hacen caminar por los predios de la estupidez y la mediocridad? Por eso pido, encarecidamente, a mis paisanos que visiten Pausa, que hagan algo para que nuestra amada tierra, inexorablemente, no se convierta en un Arca de Noé. ¿Por qué les horroriza y se escapan de todo lo que les suene a cultura y educación? Tienen fondos para mezclar cemento y arena. Pero no lo tienen para mezclar conocimiento y sabiduría y, así, asfaltar nuestras calles con libros y cultura...

En la escuela nos han enseñado a leer y a ser buenos, pero preferimos acortar camino por el atajo y la mañosería, cuando queremos llegar a un sitio que nos conviene. Preferimos que nos cuenten la historia, antes que leer un libro. Le echamos mucho ajino-moto a nuestras sopas, pero no le ponemos la sal -de nuestras lecturas- a las conversaciones. Aderezamos nuestras charlas amicales con un rocoto muy picante de palabras. Y tienen que soportarnos, sin beber agua. 

Si es que descendimos de los monos, estamos regresando a ellos. Fíjense nomás la horripilante cola que se asoma por debajo de nuestros ponchos. Y eso es solamente por falta de civilización. Hay que ver nomás la cantidad de gente que va a ver y a aplaudir la estupidez humana en los coliseos romanos de la mediocridad. Nos crece la cola cuando disfrutamos con el sufrimiento -de un indefenso ser- que no sabe hablar para decirnos que él no tiene la culpa de ser un animal. Y no sabemos que nosotros somos los animales. Sí, así es, la cola nos está creciendo y no nos damos cuenta…

Quiero ver el verdadero rostro de mi pueblo. Y ese rostro solamente tiene un espejo. Y ese espejo está en mano de nuestros niños inocentes. No le enseñemos que la sangre es alegría a nuestros hijos. No le quitemos ese dulce confite de humanidad que tienen. No le asesinemos la compasión ni la ternura. Dejemos que sigan cantando en los árboles de la alegría, junto a los pájaros.
No le llevemos a ver una corrida de toros, por favor…

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