viernes, 17 de marzo de 2017

"RARA AVIS" DE CECILIA MOLINA. Por ANA MARÍA GARCÍA




Rara Avis, poesía por quien se dice “aciaga” pues sus poemas han “reptado por las calles de su cuerpo” (En: Catárticos), es una poesía mujer, escrita desde la sazón {ultima de la palabra que llega, más allá de los símbolos a los orígenes de ellos, a los lugares impropios, a los centros donde hacen, viven y conjugan con muertes y con vidas, con momentos de amparo y otros de abismo, la soledad y el amor que no sabemos si existe, si lo inventamos, si creemos en él o nos pronunciamos en contra. 

Todo eso es ser poeta y Cecilia lo es, lo es en la fuerza, lo es en la presencia de ese yo radical pero noble, en esa voz cuyos imanes corren por la sangre de los vivos, de los que esperan el amor sin saber todavía qué ni cómo es.


Rara Avis, nos recorre por una ciudad de humo y la letra va penetrando ese humo, escampando lo cotidiano, lo citadino, para llevarnos a la esperanza de que “algún día sucumba el rencor” . El lugar del poeta o el poeta desde su lugar nocturno, desde la noche, desde cualquier marginalidad, sea la de Fellini o la del desierto, “los poetas varados” en una ciudad hipócrita, de “sonrisa aburrida” tienen un lugar. Pero ese lugar no es otro que ser poeta.


Hay en la poesía de Cecilia no sólo el uso de la palabra sino aquello que la sustenta, el discurso de un arte poético que confiere al poema un don profético, en su doble sentido de anuncio y denuncia. Por eso la poesía recorre la ciudad, la poesía va, no como el mendigo sino como el otro, el que ve desde la otra orilla por sobre ella. Un poeta sencillo, un poeta con alma, con ardor, con palabra, cuya fuerza llega hasta donde el amor no se atreve.


En este Rara Avis, que Cecilia dice “somos las mujeres” valoro la intensidad de lo sentido, el propósito de lo dicho y al alma que, contagiada de sangre, late para que otros latan a su ritmo, a su sueño, a su voz.


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