martes, 7 de marzo de 2017

CHELY ORTEGA NOS INVITA A PECAR. Por WINSTON ORRILLO


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“Somos dos siluetas/ que se reconocen./ Por intuición cantan/ lobos hambrientos./ Bajo polvo y lluvia.// Te invito a huir/ despojar estas almas./ Tomar mis alas y volar./ Radiantes,/ locos/ trotamundos.//Nos oleríamos, ¡oh lobos/ Nuestros codiciados desnudos cuerpos…//Mientras mi lengua absorbe tus años/ tu mano acaricia mi espalda.”
“Bebiéndome tu boca, húmeda y loca…//Te toco, te aspiro./ Posees mi cuerpo/ poseo el tuyo./ Yo sigilosa, tú frenético sobre mí./ De un trazo borraste mi pasado./ Hoy solo bebo astros tus labios, mi existencia.//Acaricio tu mirada en silencio,/ besas mis carne, mis besos, mis huesos, mis sueños:/ esta noche eres totalmente mi dueño.”
Ch. Ortega


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No, por cierto que no recomendamos esta férvida lectura poética para el tiempo actual, para la dulce navidad. Aunque, como una muestra de nuestro adorado humor negro, le podemos sugerir al cura Arana, de lo que es –o era- el Frente Amplio, le regale, junto con su respectiva tarjetita roja, ahíta de apócrifa nieve, un ejemplar de Pecado Original, de Chelina (Chely, para sus compinches), que es de donde provienen los inquietantes epígrafes que usted acaba de –no sin zozobra- degustar.

El presente –no sé si griego, en realidad- sería, por cierto, para el inefable, monseñor Cipriani: ¡qué duda cabe!

El breve volumen, prologado por el entrañable escritor y periodista de la tierra del Che, Raúl Isman, va, ya, por su segunda edición, Editores Maraucno EIRL. Parte cardinal del poemario, son las ilustraciones de Alberto Quintanilla del Mar, maestro de artes plásticas de nuestra autora –peruana, como otra peruana que hemos reseñado hace poco- que no es procedente de las canteras de las aulas literarias (aquélla es bióloga; ésta, graduada en Ciencias Económicas, con postgrados en el extranjero, y especialista en Control de Calidad –no sé si también del amor erótico). Asimismo, ella es coleccionista de arte y, ocasionalmente, marchand.

Chorrillana, como no podía ser de otro modo, Chelina Ortega porta, en sus entresijos, el aliento inexhaustible del mar, su movimiento perpetuo, su insaciable voracidad.
Y vemos cómo, esto, aparece en su obra poética que, no nos cansaremos de repetirlo, posee una transparente, vital sensualidad, donde se conjugan los olores, sabores, sonidos, como en “Yodo”, uno de sus textos más emblemágicos. Leámoslo juntos:

“`Yodo´. Impregnado tu perfume a Yodo/ en mi cuerpo convulso.//Unidos bajo el carnal deseo/ nuestros cuerpos rozaron/ desesperación por la noche/ cómplice silencioso tu tacto.// Huelo a ti,/ durante la pasión/ mordiste mi piel.// Atraviesa mi recuerdo/ Ese leve olor a yodo.// Sanaron las heridas:/ Sonrisas y gemidos/ Sosegaron el presente.// Fuimos/ distantes/ Amplios/ apasionados/ Amantes./ Dijiste: ¿Soy tu tentación?/ no te respondí,/ te seduje.”.

Una fiesta para los sentidos, y una reivindicación del papel de la mujer, secularmente oprimida –seducida- y ahora enhiestamente seductora (mis amigas feministas, seguro, ya piensan hacerle su respectivo homenaje).

Pero junto con esta suerte de vademécum del amor erótico, Chely, asimismo, en esta su primera entrega, hace gala del manejo de figuras tan entrañables como la sinestesia, presente en el final de su poema “Icebergs”, en el que, cómo no, se halla el mar de su discurrir cotidiano:

“Tu inmensidad calma mi mar/ Yo divisando este frío Pacífico./ Busco el silencio tras las montañas/ mas solo encuentro olor de tu mirada.”

La aventura del amor, sin embargo, tiene vicisitudes: la autora no es impermeable a los meandros de la depresión, de ese vaivén que constituye el abrumador uso de los calmantes para seguir bebiendo de la boca “húmeda y loca” de la vida:

“El silencio enmudeció nuestra pasión. / Ambos sabíamos cuánto duraría/ Por lo menos las estrellas nos mostraban/ senderos diferentes./ Fuiste tú mi PECADO ORIGINAL”

Excelente colofón para un libro de lectura convulsa y paradigmática. Poemario donde el amor y la poesía “inquieta” se confunden en una vorágine de vicisitudes que, entre cenizas y aromas, conforman un corpus sumamente atractivo.

2 comentarios:

  1. Gracias al gran poeta peruano y a su critica el Dr. Winston Orrillo.
    A la SPP y al publico que confio en mi. Chelina Ortega,

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    1. Chelina se te agradece tus palabras pero es la Sociedad Literaria Amantes del País. Saludos.

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