miércoles, 7 de noviembre de 2018

TANIA TEMOCHE ELEGIACA. Por WINSTON ORRILLO.





                                                   Tania Temoche y José Beltrán Peña





TANIA TEMOCHE ELEGIACA


                “Frágiles revolotean los colibríes./Estelas/ caracoles unidos/ al encuentro  con las aves/ se
              Pierden en el ángulo de la floresta/ del viejo óleo colgante/ espejo de tu ausencia.”

                                                                      T.T.


Por WINSTON ORRILLO



       La pérdida de la hija entrañable –Thirza- es motivo más que suficiente para que irrumpa, en la exquisita sensibilidad de la escritora Tania Temoche, un breve conjunto de poemas en los que, una vez más, se visibiliza el talento polivalente de la autora: poeta, periodista, diplomada en Gestión e Iniciativas Culturales por la Pontificia Universidad Católica, pero, sobre todo, una infatigable agitadora cultural (ya que fue correctora de Estilo y Excoordinadora periodística de la revista Vicionario, que fundara y dirigiera el inolvidable y gran poeta Arturo Corcuera).
En cuanto a su creación personal, destacan su primera entrega lírica, Delirios, (2014, en Hipocampo Editores); y En el horizonte, Vicio Perpetuo, 2016, texto de ágiles e inolvidables entrevistas y crónicas literaria.

Su joven obra se halla, sin embargo, incluida en las antologías Como una espada en el aire, Azul, 20125, y Esta fugacidad: todo mi reino, Horizonte, 2016. Es ella miembro del Crupo Cultural Experimental Tetralogos.

Hasta que arribamos a la presente plaquette, editada por La tortuga ecuestre, que fundara y dirige el infatigable poeta Gustavo Armijos.

El breve poemario se encuentra ahíto de imágenes que nos conducen a la imagen de la joven –la hija de TT- a la que, arteramente, secuestrara la siniestra parca; lo que paradójicamente, nos abre el camino a un universo lírico y  paradigmático, pleno de flores y deseos –y certezas- de eternidad, que, de suyo, exorcizan a la muerte, inevitablemente presente.

   “Polvo de estrellas en el viento/ firmamento profundo/no olvides contarme (en mis sueños)/ cómo es el más allá y de qué están hechas las praderas

La elegía nos conduce, de la mano de sus versos, hacia laderas metafísicas que son dignas de recordarse:

  “Mujer divina tu memoria discurre como cauce/ sobre las piedras mojadas sin temor a la muerte/ porque lo que muere es el alma moribunda/ y no la cola del escorpio/ en la marea que evoca la luna”
Pero, sin lugar a dudas, en esta tremante entrega lírica, lo que brilla es el poderoso aliento creativo de la autora, que, a juicio de este cronista, arriba a universos, realmente inolvidables y estremecidos y estremecedores.

“Se descascara el aire/ la pálida mañana/ se lleva la primavera/ los pájaros no le cantan a la muerte// tu memoria se diluye en el color partido del otoño..// Los geranios se deshojan/ las gaviotas se despojan/ de sus alas agitadas.”

Y, finalmente, el vencimiento de la muerte, por obra y gracia del poema, de su élan creativo:
“Para tu mudanza/ he recordado tu pedido/ ven siéntate a mi lado/ necesito decirte algo (dijiste)//No quiero ser comida/ de/ los gusanos/ quiero ser las flores que tú escojas (indicaste) //No quiero ser el frío del sepulcro/ ni el olvido familiar/ ni pisadas desconocidas/ mantenme a tu lado (subrayaste)// Ofréceme frutas/ velas e inciensos/ góspel o soul/ una sonrisa como ritual”

Esta entrañable plaquette está acompañada, igualmente, de los verdaderos poemas que son los dibujos de Rosamar Corcuera, cada vez más lírica, cada vez más creativa.
En fin, una joya por donde se le mire.

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